Paul Cézanne
Paul Cézanne (19 de enero de 1839 - 22 de octubre de 1906). Pintor francés, considerado el padre del arte moderno. Intentó conseguir una síntesis ideal de la representación naturalista, la expresión personal y el orden pictórico abstracto.

Florero de Cézanne
Entre todos los artistas de su tiempo, Cézanne tal vez sea el que ha
ejercido una influencia más profunda en el arte del siglo XX (Henri
Matisse admiraba su utilización del color y Pablo Picasso, desarrolló la
estructura de la composición plana de Cézanne para crear el estilo
cubista). Sin embargo, mientras vivió, Cézanne fue un pintor ignorado
que trabajó en medio de un gran aislamiento. Desconfiaba de los
críticos, tenía pocos amigos y, hasta 1895, expuso sólo de forma
ocasional. Estaba distanciado incluso de su familia, que tachaba su
comportamiento de extraño y no apreciaba el carácter revolucionario de
su arte.
Cézanne nació el 19 de enero de 1839 en la ciudad de Aix-en-Provence, en
el sur de Francia. Su padre era un banquero acaudalado. Fue amigo de
infancia de Émile Zola y, al igual que éste, manifestó interés por el
arte desde muy joven para disgusto de su padre.
En 1862, después de una serie de encarnizadas discusiones familiares, el
aspirante a artista recibió una pequeña asignación y fue enviado a
estudiar arte a París, hacia donde ya había partido Zola.
Cézanne se sintió de inmediato atraído por los elementos más radicales
del mundo artístico parisino. Admiraba sobre todo al pintor romántico
Eugène Delacroix y, entre los artistas más jóvenes, a Gustave Courbet y
a Édouard Manet, que exponían obras que la mayoría de sus contemporáneos
encontraban chocantes tanto por su estilo como por su temática.
Muchas de las primeras obras de Cézanne estaban pintadas con pigmentos
espesos y en tonos oscuros que recordaban al expresionismo romántico y
melancólico de generaciones anteriores. Sin embargo, al igual que Zola
en su empeño por desarrollar una narrativa realista, también Cézanne
manifestó un interés progresivo en la representación de la vida
contemporánea, quería pintar el mundo tal como se presentaba ante sus
ojos, sin preocuparse de idealizaciones temáticas o afectación en el
estilo.
La influencia más significativa en los comienzos de su madurez artística
fue la de Camille Pissarro, pintor mayor que él aunque poco reconocido,
que vivía con su numerosa familia en una zona rural a las afueras de
París.
Pissarro no sólo proporcionó al inseguro Cézanne el apoyo moral que
necesitaba sino que lo introdujo en la nueva técnica impresionista para
conseguir los efectos de la luz natural.
Junto con Claude Monet, Auguste Renoir y unos pocos pintores más,
Pissarro había desarrollado un estilo para trabajar al aire libre (en
plein air) de forma rápida y a escala reducida, que consistía en
utilizar pequeños toques de colores puros, sin recurrir a bocetos
preliminares ni a dibujos. Pretendían atrapar de ese modo los efectos
lumínicos fugaces así como su interpretación visual, también efímera, de
la naturaleza. Bajo la tutela de Pissarro, en el corto periodo
comprendido entre 1872 y 1873, Cézanne pasó de los tonos oscuros a los
colores brillantes y comenzó a concentrarse en escenas de la vida rural.
Aunque parecía poseer menos dominio técnico que los otros
impresionistas, Cézanne fue aceptado dentro del grupo y expuso con ellos
en 1874 y 1877.
En general los impresionistas contaban con un éxito comercial limitado,
y las obras de Cézanne tuvieron la acogida más desfavorable por parte de
la crítica. Se distanció de muchos de sus contactos parisinos a finales
de la década de 1870 y durante toda la década de 1880 pasó gran parte
del tiempo en su Aix-en-Provence natal.
A partir de 1882 dejó de trabajar en estrecha relación con Pissarro.
En 1886 creyó ver referencias a sus fracasos, apenas disimuladas, en una
novela de Zola y rompió sus relaciones con él, a pesar de que había sido
su apoyo durante mucho tiempo.
Ese mismo año heredó la fortuna de su padre y por fin, a la edad de 47
años, consiguió la independencia económica, aunque permaneció en su
aislamiento social.
El aislamiento y la concentración, así como la singularidad de su
búsqueda, podrían señalarse como los responsables de la increíble
evolución que sufrió su estilo durante las décadas de 1880 y 1890.
En ese periodo, aunque continuó pintando directamente del natural con
brillante colorido de tipo impresionista, fue simplificando de modo
gradual la aplicación de la pintura hasta el punto de que parecía lograr
expresar el volumen con sólo unas cuantas pinceladas de color
yuxtapuestas.
Más adelante los expertos llegarían a afirmar que Cézanne había
descubierto un modo de representar tanto la luz como las formas de la
naturaleza simplemente mediante el color.
Parecía reintroducir una estructura formal que los impresionistas habían
abandonado, sin sacrificar por ello la sensación y vivacidad lumínica
lograda por ellos.
El propio Cézanne hablaba de modular el color en lugar de modelar el
claroscuro de la pintura tradicional. Con ello se refería a que
suplantaba las convenciones artificiales de representación (modelar) por
un sistema más expresivo (modular) que se hallaba aún más próximo a la
naturaleza o, como decía el propio artista, "paralelo a la naturaleza".
Para Cézanne la solución a todos los problemas técnicos del
impresionismo radicaba en utilizar el color de un modo más ordenado y
expresivo que el de sus compañeros impresionistas.
Cézanne consideraba que nunca llegaba a alcanzar plenamente su objetivo,
por lo que dejó la mayor parte de sus obras sin acabar y destruyó muchas
otras. Se lamentaba de su fracaso a la hora de representar la figura
humana y, efectivamente, las grandes obras con figuras humanas de sus
últimos años, como Bañistas (c. 1899-c. 1906, Museo de Arte,
Filadelfia), revelan unas distorsiones curiosas que parecen dictadas por
el rigor del sistema de modulación cromática que él mismo impuso sobre
sus propias representaciones. Sin embargo, la generación posterior de
pintores llegó a aceptar prácticamente todas las rarezas de Cézanne.
Dicha generación creía que ya se habían formulado los objetivos
naturalistas del impresionismo y que era necesario un estilo nuevo y
original, sin reparar en la dificultad, para poder devolver al arte
moderno sinceridad y compromiso.
Durante muchos años la obra de Cézanne sólo fue conocida por sus
antiguos colegas impresionistas y por unos cuantos artistas jóvenes
radicales de la línea del postimpresionismo, entre los que se incluían
Vincent van Gogh y Paul Gauguin.
Sin embargo, en 1895 Ambroise Vollard, ambicioso marchante parisino,
organizó una exposición de sus obras y las promocionó con gran éxito
durante los años siguientes.
Hacia 1904, Cézanne alcanzó la consagración en uno de los grandes
salones oficiales de pintura y cuando murió (en Aix, el 22 de octubre de
1906) había logrado un prestigio considerable.
Muchos pintores jóvenes viajaron hasta Aix-en-Provence para verle
trabajar y pedirle consejo durante los últimos años de su vida.
Sin embargo, tanto su estilo como sus teorías continúan siendo
misteriosas y crípticas; para unos era un pintor primitivo ingenuo y
para otros un complicado maestro en los procedimientos técnicos.
Aunque todos están de acuerdo en que la intensidad de sus colores, unida
al aparente rigor de la estructura compositiva, indican que, a pesar de
la frecuente desesperación del propio artista, había sintetizado los
elementos básicos de representación y expresividad de la pintura de un
modo muy personal.
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