Mama Cocha
Madre del Mar, a quien se le rendía culto para calmar las aguas bravas y para la buena pesca.
Dioses menores
Aparte del gran Viracocha y su corte terrenal de Amauta, o sabios y primeros sacerdotes y administradores, el segundo cordón de clérigos, la nobleza militar y los Ayllus o gremios, regidos hasta en su más mínimo movimiento por la ley del Inca, el pueblo llano tenía su panteón con otros dioses menores, a los que -tal vez- le resultaba más sencillo y cercano dirigirse en busca de favores y soluciones.
La estrella rizada o de la mañana acompañaba al Sol, al igual que Illapa, dios del trueno, como la imagen de la estrella de oro, la de la tarde, Chasca, hacía su guardia junto a la Luna, y Chuychú, el bello arco iris estaba por debajo de ambos grandes dioses.
Las constelaciones de la copa de la coca (Coa Manca) era una constelación que cuidaba de las hierbas mágicas, como la constelación de la copa de maíz (Sara Manca) lo hacía con los alimentos vegetales, y la del jaguar (Chinchay) se encargaba de los felinos. El Huasicamayo era el dios tutelar del hogar, mientras que el Cchajra-Camayoc se esforzaba por evitar que los ladrones entraran en esa misma casa, y los Auquis asumían la vigilancia de cada poblado. Había también un dios de las tormentas y otro dios del granizo; tras Pacha-Mama, la diosa de la Tierra, estaban Apucatequil y Piguero, como dioses tutelares de los gemelos; la serpiente Urcaguay era la divinidad de lo que estaba bajo tierra, mientras que el ávido Supai reinaba en el mundo de los muertos y no cesaba de reclamar más y más víctimas para su causa.
También estaba el dios Kon, un hermano de Pachacamac expulsado por éste y que se llevó con él, al ser forzado a irse, la lluvia y dejó a la franja costera de Perú seca para siempre; otros hermanos, Temenduare y Arikuté, dieron origen al diluvio con sus querellas.
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