El Segundo Imperio Mexicano
Maximiliano llegó al puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864 entre el júbilo y algarabía de los conservadores. La travesía a la Ciudad de México le ofreció un panorama distinto: un país herido por la guerra y profundamente dividido en sus convicciones. Al llegar a la ciudad escogió el Palacio de Chapultepec como residencia y mandó trazar un camino que le conectase a la ciudad (el actual Paseo de la Reforma). Como el emperador y la emperatriz no podían tener hijos (Maximiliano había enfermado de sífilis en su expedición a Brasil) decidieron adoptar los nietos de Agustín de Iturbide, el primer emperador mexicano.
Muy poco disfrutó Maximiliano del apoyo conservador. Siendo un hombre de convicciones liberales se interesó muy pronto por el programa de los republicanos y adoptó algunas medidas tendientes a la reconciliación y acordes a sus ideales, como el reparto de las tierras, la libertad de culto y el derecho al voto de los desposeídos, lo cuál causó un profundo descontento entre las filas conservadoras. Los liberales vieron los cambios con simpatía pero su cúpula, encabezada por el presidente Benito Juárez, permanecía firme en su intento por derrotar a la monarquía, a las tropas francesas que le apoyaban y en su deseo de regresar a un régimen nacional y republicano, inspirado en el modelo estadounidense.
Al final los cambios políticos a nivel internacional repercutieron en el Imperio Mexicano. Los Estados Unidos, que durante la mayor parte del tiempo habían estado librando una guerra civil entre los estados del norte y los del sur habían conseguido la paz y estaban listos para apoyar el gobierno republicano de Juárez. Napoleón III, por su parte, enfrentaba serias amenazas en Europa y requería que sus tropas regresaran al país galo. Con el apoyo económico de los estadounidenses a la facción republicana y sin el apoyo francés ni conservador en el país poco le quedaba por hacer a Maximiliano. Decidió enfrentar las consecuencias y desoyendo los consejos que le sugerían regresar a Austria decidió dar la cara y ofreció su renuncia al Presidente Juárez.
Tras un breve juicio más centrado en obtener venganza que en despachar justicia, Maximiliano fue sentenciado a muerte por un tribunal republicano. Murió fusilado en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro el 19 de junio de 1867. Sus restos fueron depositados al año siguiente en la Bóveda Imperial del Kapuzinergruft, en Viena.
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