La ciudad sagrada de Machu Picchu (“montaña vieja” en quechua) está ubicada 130 kilómetros al noroeste de Cusco, Perú en la cresta del cerro Machu Picchu, a 2700 metros de altura sobre el nivel del mar. La ubicación de la ciudadela era un secreto militar, pues barrancos profundos, al borde de un abismo y montañas agrestes eran la mejor defensa natural. Hoy es universalmente conocida, tanto por sus imponentes y originales ruinas como por su vista al fondo donde corren las aguas tormentosas del río Urubamba.
Desde 1981, se declaró como Santuario Histórico, con una superficie de 32,592 hectáreas, que incluyen no solamente la parte arqueológica, sino también la flora, fauna y belleza paisajística, destacando la abundante presencia de orquídeas.
Las teorías más firmes sostienen que fue una "llacta" inca: un asentamiento construido con la finalidad de controlar la economía de las regiones conquistadas. Era la llacta más bella del imperio incaico, y habría sido construida con la expresa finalidad de refugiar a lo más selecto de la aristocracia en caso de ataque.
En la zona de habitaciones, existió un sector para la nobleza, grupo de casas situadas en hileras sobre una pendiente; la residencia de los Amautas (sabios) caracterizados por sus muros de color rojizo, y la zona de las Ñustas (princesas) con habitaciones de forma trapezoide.
Dentro de la ciudadela existió un sector destinado a la cárcel, en donde se aplicaban castigos a los presos, dentro de nichos de roca.
El Mausoleo Monumental, es un bloque pétreo, cuyo interior abovedado era utilizado para ritos o sacrificios; de paredes labradas.
Machu Picchu fue descubierta el 24 de julio de 1911 por el científico Hiram Bingham, gracias a los lugareños que la frecuentaban. Bingham, Antropólogo norteamericano de la Universidad de Yale, inició los estudios arqueológicos y realizó una extraordinaria investigación de la zona. Bingham le acuñó el nombre de "La Ciudad Perdida de los Incas", a través de su primer libro "Lost City of the Incas".