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Huitzilopochtli



El dios Huitzilopochtli es uno de los dioses originales de los aztecas cuando eran una tribu seminomada, en nauhatl su nombre significa "el colibrí izquierdo", sin embargo, según Laurette Sejourne, en el lenguaje esotérico nauhatl, el nombre también se puede traducir, como "el que viene del sur".

Nota: en los mapas aztecas, el sur esta a la izquierda, y es ahí donde se encontraba el paraíso.

Según la tradición, Huitzilopochtli nació de Coatlicue, la madre tierra, que se embarazo con una bola de plumas que cayo del cielo. Sus 400 hermanos al notar el embarazo de su madre y a instancias de su hermana [Coyolxauhqui]], decidieron ejecutarla para ocultar su deshonra, pero Huitzilopochtli nacio y mato a la mayoria. Venció y mato a Coyolxauhqui quien quedo desmembrada al caer, pero su madre lo reprendió de tal violencia, así que Huitzilopochtli tomo la cabeza de su hermana y la arrojo al cielo, con lo que se convirtió en la luna, siendo Huitzilopochtli el sol.

Como el dios tribal de una tribu guerrera, era un dios eminentemente guerrero, cuando los aztecas tomaron los dioses de las otras culturas nahuas, como la Tolteca, elevaron su dios al nivel de los grandes dioses de mesoamerica, como Tláloc, Quetzalcoatl y Tezcatlipoca.

Así, en el centro de su ciudad, Tenochtitlan, construyeron un templo con dos altares, uno dedicado a Tláloc y el otro a Huitzilopochtli. Sobre el pequeño templo primitivo, cada 52 años se la añadía otra construcción, cada vez más grande. En las ruinas actuales se pueden ver las distintas etapas, como capas de cebolla.

A estos dioses se ofrecían sacrificios humanos de cautivos tomados en combate. Cuatro sacerdotes sostenían al cautivo de cada extremidad y un quinto hacia una incisión con un afilado cuchillo de obsidiana y extraía el corazón. El prisionero estaba completamente cubierto de gis, que era el color del sacrificio, y tal vez estaba drogado, pues los gritos se consideraban de mal gusto en el caso del sacrificio a Huitzilopochtli.

El propósito de los sacrificios a Huitzilopochtli consistía en darle vigor, para que pudiera subsistir en su batalla diaria y lograr que el sol volviera a salir al día siguiente.

En la religión azteca, los guerreros que morían en batalla, los que morían sacrificados y las mujeres que morían en el parto, estaban destinados al paraíso, y posiblemente (los relatos no son muy claros en esto), renacer en esta tierra como mariposas. Por ello se consideraba un honor ser sacrificado a Huitzilopochtli.




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