Giotto di Bondone
Giotto di Bendone (mejor conocido como Giotto) pintor italiano nacido en 1267 y fallecido en 1337, máximo representante del Trecento italiano. En vida, Giotto fue sumamente reconocido, y recibió muchos importantes encargos, fundamentalmente para pintar las paredes de iglesias y monasterios.
Cuenta la leyenda que, siendo pastor de un rebaño, fue descubierto por Cimabue gracias a que dibujaba con rara maestría un árbol con un pedazo de carbón sobre una roca. El caso es que recibió educación pictórica formal. En la época, la Pintura italiana estaba fuertemente influida por el arte bizantino, por lo que era tremendamente hierática y poco naturalista. Giotto empezó a trabajar con volúmenes y profundidades. Aunque su trabajo aún es un tanto tosco, debido al desconocimiento de las leyes de la perspectiva, Giotto consigue algunos efectos de profundidad que pasman a sus contemporáneos, y que abren el camino al arte del Quattrocento.
Giotto di Bondone nació en Colle di Vespignano, cerca de Florencia. Se
sabe muy poco de sus comienzos, pero se cree que trabajó como aprendiz
en Florencia antes de comenzar una carrera que le llevaría a Roma,
Padua, Arezzo, Rímini, Asís y Nápoles.
Toda su obra es de temática religiosa. Hizo sobre todo retablos y
frescos para diversas iglesias. Muy pocos de ellos se mantienen en
buenas condiciones y la mayor parte han desaparecido por completo o han
tenido que restaurarse casi en su totalidad. En estos casos no existe
plena seguridad sobre su autoría, y es muy probable que sean trabajos de
sus seguidores o aprendices.
Una de sus primeras obras famosas es el gran conjunto de frescos que
ilustra las vidas de la Virgen y de Cristo en la capilla de la Arena, de
Padua, acabado posiblemente en 1305 o 1306. Sus escenas se alejan de la
rígida estilización medieval para presentar la figura humana con formas
amplias y redondeadas, que parecen basarse más en modelos que en
arquetipos idealizados.
Se opuso a los colores vivos y brillantes y a las líneas largas y
elegantes propias del estilo bizantino y prefirió trabajar con una
representación más serena y realista. Se centra en lo humano y en lo
real más que en lo divino y lo ideal, planteamiento revolucionario en
una época dominada por la religión. Los escenarios (tanto en esta serie
como en las demás obras) son fondos poco profundos, como cajas
arquitectónicas, un poco más abiertos que los fondos totalmente planos
de las pinturas bizantina y gótica pero sin llegar todavía al pleno
desarrollo de la perspectiva que se lleva a cabo en la pintura
renacentista posterior.
Se cree que la Virgen y el niño entronizados (c. 1310, Uffizi,
Florencia) pertenece al mismo periodo que los frescos de Arena y es la
única tabla atribuible a Giotto. En ella se nota la influencia del
pintor florentino Cimabue en la composición y en el estilo, pero es
única en cuanto a la humanización del rostro de la Virgen. Existen dos
ciclos de frescos en la basílica de Santa Croce de Florencia, que
representan la vida de san Francisco y las vidas de san Juan Bautista y
san Juan Evangelista, que se le atribuyen como obras posteriores. Aunque
están restauradas en gran parte, representan el estadio más avanzado de
su estilo, en el que las figuras humanas aparecen agrupadas en posturas
dinámicas, que reflejan movimiento.
Su obra se adelantó a su tiempo. La mayor parte de sus seguidores
pintaron en una línea menos realista y más abiertamente decorativa.
Habría de ser Masaccio, un siglo después, quien difundiera el estilo de
Giotto, cuyo ejemplo fue crucial para el desarrollo de la pintura
florentina posterior, y cuyo interés por la representación de la figura
humana y del mundo visible se convirtió en una preocupación predominante
durante el renacimiento florentino.
Murió en 1337 en Florencia.
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