Avatares
El doctor Campello estaba casado con Asunción Ibarra, hija de Aureliano Ibarra Manzoni, un humanista del siglo XIX que además se dedicaba a la Arqueología como afición y que había ido encontrando una gran cantidad de objetos y vestigios iberos en sus propias tierras de labor y en más sitios del término municipal de Elche. Con ello había ido formando una valiosísima colección que dejó en herencia a su hija Asunción, junto con el encargo de que a su muerte, ésta hiciera los trámites necesarios para que la colección se ofreciera en venta a la Real Academia de la Historia para que finalmente fuese ubicada en el Museo Arqueológico Nacional. Se decía en el testamento que la colección debía comprarse en su totalidad.
Cuando murió don Aureliano, su hija se dispuso a cumplir con el testamento y comunicó el legado a los responsables en Madrid. Se reunió la Academia en sesión plenaria el 18 de marzo de 1891 bajo la presidencia de don Antonio Cánovas del Castillo. Se propuso estudiar el asunto y se nombró una comisión el día 17 de mayo. Los comisionados fueron don Juan de Dios de la Rada y don Juan de Vilanova, que pronto irían a Elche a hacer el oportuno trato. Estuvieron conformes con adquirir el lote que sería abonado en tres plazos. Pero ocurrió que uno de los plazos venció en fechas próximas al descubrimiento de la Dama y a partir de ese momento hubo un contencioso, pues su dueña doña Asunción no estaba de acuerdo con incluirla con las demás piezas y la Academia no estaba de acuerdo en seguir pagando.
Por su parte don Pedro Ibarra (hermano del fallecido don Aureliano y archivero municipal de Elche), en su entusiasmo por el nuevo descubrimiento, había hecho una foto cuyas copias hizo llegar al académico don José Ramón Meliá, al director del Museo Arqueológico Nacional don Juan de Dios de la Rada y al ilustre arqueólogo alemán Emil Hübner. Todos querían hacer la adquisición.
En Elche todo el mundo conocía el hallazgo y era motivo de conversación. Los amigos de la familia iban a visitarla a la casa pero las demás personas no podían hacer lo mismo, así que en un arranque de generosidad, la Dama (la reina mora) fue expuesta en el balcón para que la viera y contemplara todo el mundo.
Llegó el mes de agosto en que se celebraba durante los días 14 y 15 el Misterio de Elche. Don Pedro Ibarra había invitado a su casa para ver esta fiesta al arqueólogo francés Pierre Paris. Cuando el arqueólogo vio el busto ibero supo que se trataba de una verdadera joya e informó a los responsables del museo del Louvre en París que contestaron enseguida ofreciendo una gran cantidad: 4.000 francos de la época. Pese a la oposición de doña Asunción, el busto fue vendido y el 30 de agosto de 1897 la diosa ibera salía bien empaquetada rumbo a la capital francesa. En un lugar privilegiado del Louvre pasó 40 años hasta que con motivo de la invasión de Alemania en Francia y por temor a la guerra que se avecinaba, el Louvre decidió deshacerse de unas cuantas obras y mandarlas a lugares protegidos. Una de esas obras fue la Dama de Elche (bautizada de esta manera precisamente en París), que llegó a Madrid en 1941 y fue instalada en el museo del Prado. Treinta años más tarde la trasladaron al museo Arqueológico donde se la puede contemplar hoy en día. Sólo una vez volvió de visita a su tierra.
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