Antoine Henri Becquerel
(1852-1908)
En febrero de 1896, Antoine Henri Becquerel, profesor de física en el Politécnico de París, y miembro de una familia de tradición académica, exploraba la posibilidad de que los rayos del Sol pudieran inducir la emisión de los rayos de Röntgen en materiales fluorescentes. El método de Becquerel era simple: colocaba trozos de material fluorescente sobre placas fotográficas cubiertas, exponiendo estos arreglos a la luz solar. Entre los materiales y las placas, además, interponía trozos de cobre que obstaculizaran parcialmente la posible producción de rayos X. Si la luz solar inducía la emisión de rayos X en los materiales, estas radiaciones velarían las placas fotográficas a través de la cubierta protectora, dejando grabada la silueta de los trozos de cobre.
Por una casualidad afortunada, entre los materiales fluorescentes utilizados por Becquerel había una sal de uranio. Los primeros experimentos con ese material dieron resultados interesantes pues, luego de un día de exposición, encontró que las placas fotográficas mostraban, tenuemente, las siluetas del cobre. Sin embargo, el clima parisino ese febrero no favorecía mucho sus experimentos, pues estuvo nublado el resto del mes, por lo que decidió guardar sus atados de placas con muestras en un cajón, esperando días más soleados.
El 3 de marzo, cuando el tiempo mejoraba, reinició sus experimentos. Al revelar las placas fotográficas de los días nublados, que habían estado en su cajón la mayor parte del tiempo, se sorprendió al encontrar que éstas se encontraban veladas intensamente con siluetas bien marcadas. A partir de ese momento, y todavía pensando que el fenómeno se debía a algún tipo de fluorescencia inducida por la luz solar recibida anteriormente, decidió repetir sus experimentos pero ahora manteniendo las sales en la obscuridad. Dos meses después, las sales seguían emitiendo radiación con igual intensidad. Además notó que esas radiaciones eran producidas por cualquier sal de uranio, fosforescente o no, con luz o sin ella, por lo que concluyó que el fenómeno estaba directamente relacionado con la presencia de uranio en los compuestos. Becquerel había descubierto la radiactividad.
Poco tiempo después, también en París, la polaca Marie Sklodowska-Curie descubrió que el torio tenía propiedades similares a las del uranio y, junto con su marido, el francés Pierre Curie, descubrió el elemento radio que es millones de veces más activo que el uranio. Por estos descubrimientos, Becquerel, Pierre y Marie Curie recibieron el Premio Nobel en 1903